miércoles, 17 de junio de 2009

Taller Narrativa 15 - Atmosfera


La rueda sobre los enamorados. Seguidos por el Ermitaño, el Emperador y el Mago. La esfinge de la Rueda de la fortuna le pregunta al Edipo de los Enamorados por las tres edades del hombre. Ermitaño, Emperador, Mago.



Pienso en que si superas el Edipo te conviertes en emperador. Si te dejas llevar y lo abrazas, te conviertes en mago o taumaturgo. Si luchas eternamente contra el Edipo te conviertes en Ermitaño. ¿Cuál es la versión moderna del Edipo? ¿Fue Edipo la primera víctima de una familia desestructurada? ¿Quedará substituida la realeza por la fama?



Sobreponerse a la frustración que una madre proyecta sobre su hijo, que al final acaba por superar a su padre pusilánime. Una madre que lee el diario de su niño, para tener presentes sus puntos flacos. Un padre que no quiere que le llamen papá.



Tengo que reconocer que la tirada del Tarot es sugerente, los arcanos parecen hablarme directamente a mí, saltándose a la fraudulenta médium que tengo sentada en frente. Absorto en mis pensamientos apenas presto atención a sus embustes. Cuando he llegado no he mostrado interés a la sala donde hace las predicciones. Parece que está acabando sus febriles predicciones. Yo asiento con la cabeza si saber. Meto mi mano en el bolsillo con dificultad, mientras miro entre las sombreas la decena de figuras de santos y diversos amuletos que decoran la estancia. Me llama la atención la triste mirada de un busto de Cristo, la corona de espinas le lacera la frente y por las mejillas resbalan lágrimas de gusto metálico. El horror de la Pasión; a mi mente acude la imagen de una madre que ve como torturan a su único hijo hasta la muerte. La escena se marcha dejando tras de sí un regusto amargo a depresión. A su lado, unas cortinas de terciopelo granate ocultan algo; quizás el cuerpo de Cristo, el que le falta al busto. Saco la mano del bolsillo, unas monedas salen despedidas y no tengo ganas de recogerlas. Pago a la vidente y me levanto. Necesito salir de allí, las medias luces empiezan a escocerme en los ojos y el aire parece no querer entrar en mis pulmones. Tal vez es la sala la que quiere que me marche. Me está echando. Los ojos de la visionaria me acosan nerviosos, como si pudiera ver algo más en mi rostro, algo más que la expresión de horror. A fuera, solo me espera el agua que baña de melancolía el otoño. Últimamente las húmedas calles se han convertido en mi hogar. Escenario de mi infructuosa búsqueda.



Salí del local, después de una clandestina conversación con arcanos olvidados, tal y como había entrado. Seguía sin saber de que podía escribir.



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