Faltan dos horas para que suene el despertador pero Jonás ya está despierto. Esta noche el sueño ha sido una ligera brisa, sin la suficiente profundidad para producir sueños, pero con la irremediable perdida de control sobre los propios pensamientos. Las sabanas pesan más que nunca. Una ducha, un café, el abrigo y un tren para llegar a su destino.
En la puerta del aula, Jonás se detiene. No quiere entrar, o ¿no puede hacerlo?. Muchas dudas le están apareciendo sobre si mismo. Lentamente transcurren los minutos, la hora del comienzo está próxima. Camina por los pasillos mientras su inquietud crece. Los arpegios de Philip Glass reverberan en su cabeza, lo último que ha escuchado antes de apagar su ipod.
Sentados en la mesa, dispuestos en forma de U, los Extraños esperan a la profesora. Ocho personas de distinta índole: edad, sexo, ocupación y quien sabe que más. Ocho hombres sin piedad.
Las presentaciones han empezado, uno a uno los integrantes del grupo se van exponiendo, y solamente queda un turno antes de que Jonás deba desnudarse. Desde que ha comenzado este simulacro de rueda de reconocimiento, no ha podido dejar de pensar en como va a mostrarse a este nuevo pequeño mundo.
El Extraño número tres ha acabado su exposición. La gente dice más de si mismo de lo que sus palabras quieren expresar, piensa Jonás. Ahora le toca el turno a él. Pero no tiene pensado aún su personaje. Debe componerlo sobre la marcha. Comienza a hablar. El contenido de su discurso es neutro y vacío. Un bostezo, alguien revolviéndose en la silla, un boli que cae al suelo y falta de interés. Piezas equivocadas en un puzzle de personalidad.
Por La mente de Jonás aparecen atractivos rasgos que incluir en su construcción. Puede fingir la ironía de Wilde, pero teme acabar en el rol de bufón. El misterio del anacoreta le atrae con más fuerza pero el aislamiento le produce demasiada inquietud. Héroe, el que mueve ejércitos. Jé Jé. Quizás sea más apropiado el niño eterno que rehusa responsabilidades frente al grupo. Lo que realmente querría Jonás es acudir a clase con un cuervo posado en su brazo.
Siente que debe hablar de los largos tentáculos del horror cósmico que lo constriñen por las noches; de los ojos cibernéticos con los que mira a Edipo; de como las luces boreales se reflejan en la laguna estigia marciana; de como un día una ballena se lo tragó en viñetas secuenciadas; de como lo que está arriba también está abajo; de lo hermosa que es la música de las esferas; de anfiteatros y de zoótropos; conejos con chaleco y cucarachas con sombrero...
Aún no ha decidido quien quiere ser, pero el turno de palabra ya es del extraño número siete. Todavía le quedan seis meses para poder encontrar al escritor que debe encarnar.
Así que no temas Jonás por querer ponerte "Hypokritas" máscaras en este nuevo juego para ti. Al fin y al cabo, todo en la vida son humo y espejos.


3 comentarios:
Gracias por invitarnos a tu primer dia de clase.
Con menos humo y espejos.
Pasen y vean...
Parece que calientas bien el terreno, Jonás. Que suerte tengo de tí que creas una Logia donde me permiten entrar a chafardear y disfrutar.
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