viernes, 13 de marzo de 2009

Taller Narrativa 7

Sobre el terror / suspense con narrador cámara.


La primera luz del día entra por la ventana e ilumina el rostro de Tomás. Poco a poco va abriendo los ojos. El niño, de apenas nueve años, se levanta del suelo, donde estaba tumbado sobre una manta. Enciende la televisión, que continúa emitiendo nieve. Tomás se dirige a la pared y con un cuchillo hace una muesca en la pared, ya son diecisiete. Se toca el pelo despeinado y se dirige al baño. Como cada vez que quiere mear, pasa por delante de la habitación de sus padres, cuya puerta está atrancada con el sofá y una cómoda. Cuando se acerca, del interior se escuchan los gruñidos y arañazos al otro lado de la puerta; pero el niño pasa rápido y con la cabeza gacha.

Una vez ha acabado con el water, abre el grifo para comprobar si hay agua pero no cae ni una gota. Vuelve al salón y se sienta delante de la ventana. En la calle solo hay desperdicios, papeles que vuelan como matojos del desierto, coches atravesados con los cristales rotos, y restos de sangre, mucha sangre. No hay personas paseando. Tomás coge el Walki talky que hay sobre una mesita y lo enciende. Se escucha un chasquido y nada más, así que lo vuelve a dejar donde estaba. Se levanta y va hasta la cocina. De la nevera saca un cartón de leche y se sirve un vaso. Lo que sale del envase es algún tipo de cuajada y rápidamente la tira al fregadero. Empieza a abrir armarios pero no saca nada de ellos. De repente se escucha un chasquido en el Walki y vuelve corriendo al salón. Lo sostiene cerca de su cara y aprieta el botón.

- ¿Marcos, estás ahí? -pregunta con voz temblorosa. No obtiene respuesta. Vuelve a insistir.-¿Marcos?

- Sí, aquí estoy.

Tomás deja escapar un suspiro al escuchar lo.

- Ha sido uno noche de mierda -comenta Marcos con la voz nerviosa.

- ¿Que ha pasado? - Vuelve a apretar el botón.

- Una de esas cosas ha estado golpeando la puerta. No paraba, te lo juro.

- Sí, mis padr... bueno... esas ... también han estado intentando salir del dormitorio. - Mientras dice esto, la mirada de Tomás se fija en un punto infinito de la pared.

- Deben estar hambrientos.

- ¿Sigue ahí fuera?

- No, creo que no... pero tengo un problema... no me queda comida en casa... voy a tener que salir.

- ¡Pero que dices! No puedes salir con esas cosas fuera -le contradice Tomás.

- ¿Que otra cosa puedo hacer?

El silencio se prolonga durante unos segundos. Un golpe en la habitación tapiada hace que Tomás se sobresalte. Se pone en pie y comienza a caminar por el salón, de un lado para otro.

- Voy a salir, a ver si en el piso de al lado tiene algo de comida -dice Marcos.

- ¿Has cogido algo para defenderte?

- Si, llevo un martillo. - Se escucha una respiración fuerte, como la de un buceador antes de sumergirse, y luego el chasquido de una puerta al abrirse.- Parece que el pasillo está despejado... voy a ver... la puerta de enfrente está abierta.

Mientras escucha lo que sucede al otro lado del Walki Talky, Tomás no deja de caminar por la sala.

- Tío, esto es un desastre, está todo lleno de sangre, pero parece que no hay nadie. Voy a ver la cocina.- Se escucha el abrir y cerrar cajones, puertas. El golpe de una lata al caer al suelo.- Mierda, creo que he oído un gruñido.

- !Marcos... corre, sal de ahí!

- Joder, joder, joder... creo que hay dos en la habitación de al lado -susurra.

A través del aparato de escucha un golpe. Los gritos Marcos se van alejando. Se le unen dos gruñidos guturales, salvajes, hambrientos. Un golpe sordo contra el suelo. El agónico chillido de Marcos, ahogado por un matiz líquido, burbujeante. Y por último el sonido del banquete. Tomás apaga el aparato. Con el rostro desencajado dice:

- Corre marcos... no me dejes sólo.

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