El día tres de octubre de 1849 cuatro respetables hombres de la ciudad de Baltimore, salían del colegio electoral dónde habían ejercido su santo derecho para con el país, cuando encontraron tumbado en el suelo, recostado sobre sus propias excreciones, a un pobre diablo.
Los cuatro amigos, que con el orgullo que otorga el deber cumplido se dirigían al pub La garza, giraron la cabeza en otra dirección para ignorar al despojo humano; mas como humano que era emitió un un débil quejido, tan fino que como una aguja fue a clavarse en el corazón de la culpabilidad de uno de los votantes. Vamos a llamarlo X. Cuando X se detuvo y se acerco al beodo, no obtuvo precisamente el entusiasmo de sus compañeros, más fríos y desalmados. Aún con los reproches, el grupo se detuvo para asistir al necesitado. Tumbado en el húmedo suelo parecía un payaso decadente: el pelo revuelto y sucio, ropas de unas cuantas tallas más grandes y una expresión de cruda tristeza en su rostro. Uno de los forzosos samaritanos, llamémosle Y, no pudo contener una sardónica risa. En seguida X le hizo callar, con un gesto afectado confesó que conocía a aquel hombre, no a la persona, pero si su obra. Aquel era el ilustre poeta Edgar Allan Poe. Lo dijo con toda solemnidad que el momento permitía. A lo que Y añadió: "O lo que queda de él". El sr. Poe no parecía tener más que un frágil hilo de conciencia y no contestó a ninguna de las preguntas que le formularon. Solamente balbuceaba palabras sin sentido como: "vómito, ave, sangre, primavera, estilográfica, abandono y lamento."X le pidió a Z, el más joven del grupo, que acudiera rápidamente al pub para solicitar asistencia médica. No tardo en llegar un médico, seguido de una ambulancia. Cuando los sanitarios levantaron al Sr. Poe para recostarlo sobre la camilla, X vio en el suelo un diario con tapas de cuero y un cordón que lo anudaba para que no se abriera. Se agachó a recogerlo pero el médico fue más veloz y lo guardó en su maletín, argumentando que la propiedades del paciente han de ser llevadas al hospital. Una vez el enfermo fue subido al carro médico, se lo llevaron de ahí sin dar más explicaciones. X no tuvo ganas de celebraciones y se fue a casa, mientras W, Y y Z, continuaron su fiesta en el pub La garza.
El día después del incidente, X sintió un malestar que le impedía concentrarse, poco le importaban ya los resultados de las votaciones, escaso fue la atención que le prestó a su joven esposa, que acabó por sugerirle, amablemente, que fuera a visitar al tal Poe, o no encontraría descanso su desazón. Así lo hizo, tardó en localizar el hospital al que habían llevado al enfermo, y cuando llegó, la enfermera le comunicó que Edgar Poe había muerto esa misma madrugada. Pero no pudo ofrecerle más ayuda, pues se desconocían las causas de su muerte; la policía no había averiguado nada de las extrañas vestimenta, ni aún siquiera, que hacía Poe en la ciudad, ya que residía en Richmond. Intrigado por lo bizarro del caso, X preguntó por el diario que encontraron junto a los vómitos. Nada, ni rastro. Ni enfermeras, ni médicos ni policía pudieron dar con el. Aún hoy nadie sabe lo que ocurrió esa fría y húmeda noche de octubre.


2 comentarios:
En general me gusta. Hay una palabra que se me ha estraña encontrarme. "Bizarro" Se me hacia estraña encontrarmela porque la considero una palabra mas bien nueva, de finales del siglo XX. Al ser una palabra que yo encuentro que es mas nueva, me evade de ese siglo XIX donde estaba inmergido.
Es muy posible que me equivoque en cuanto decir que es una palabra nueva. Sólo era un comentario que espero que me corrijas.
un saludo!
Seguramente tienes razón.
De todas maneras, descubrí que Bizarro en castellano significa erguido. No extraño como en inglés o francés.
Saludos.
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