viernes, 13 de marzo de 2009

Taller Narrativa 8

Después de la infidelidad. Una carta.


Helena, a noche no pegué ojo. Pasé varias horas sentado a los pies de la cama. Estuve recordando; el último concierto al que fuimos juntos. Anthony and the Johnsons, ¿lo recuerdas? Yo no me quito de la cabeza esa lágrima que resbaló por tu mejilla. Vi cómo se deslizaba lentamente, parecía respetar el ritmo de la música. Luego en el aparcamiento, cuando te confesaste, entendí que no era lo que yo pensaba, sino tu último sentimiento por mí, que se agarraba a tu barbilla para no caer al abismo.

Soy muy consciente de que yo te empuje a ese acantilado, te fallé una y otra vez. Se que, a tu lado, necesitabas un carácter, y que mis excentricidades no te ayudaron en absoluto. No te escribo esta carta para decirte que he cambiado; que si vuelves a mi lado encontrarás todo aquello que necesitas. No lo haré. No quiero mentirte. Es cierto que tu marcha me ha enseñado algunas cosas, pero sigo siendo yo. Sí que quiero pedirte que vuelvas. Sabes que no vas a encontrar quien te quiera más que yo. Lo sabes.

El amor me hizo cometer muchos errores. Con mis celos estreché tu corsé hasta ahogarte. Te conduje hasta los brazos de otro hombre, y por ello me lamento cada noche. Cuando llega la oscuridad, el hueco que has dejado en mi se desborda hasta hincharme los ojos, hasta que siento mi cabeza a punto de estallar. No puedo culparte pues yo no soy un santo. Por favor, vuelve a mi lado. Llena el vacío que has dejado.

Son las cuatro y media de la mañana. Y hay una frase que no deja de repetirse en mi cabeza: ¡Te necesito! Helena por favor.

Taller Narrativa 7

Sobre el terror / suspense con narrador cámara.


La primera luz del día entra por la ventana e ilumina el rostro de Tomás. Poco a poco va abriendo los ojos. El niño, de apenas nueve años, se levanta del suelo, donde estaba tumbado sobre una manta. Enciende la televisión, que continúa emitiendo nieve. Tomás se dirige a la pared y con un cuchillo hace una muesca en la pared, ya son diecisiete. Se toca el pelo despeinado y se dirige al baño. Como cada vez que quiere mear, pasa por delante de la habitación de sus padres, cuya puerta está atrancada con el sofá y una cómoda. Cuando se acerca, del interior se escuchan los gruñidos y arañazos al otro lado de la puerta; pero el niño pasa rápido y con la cabeza gacha.

Una vez ha acabado con el water, abre el grifo para comprobar si hay agua pero no cae ni una gota. Vuelve al salón y se sienta delante de la ventana. En la calle solo hay desperdicios, papeles que vuelan como matojos del desierto, coches atravesados con los cristales rotos, y restos de sangre, mucha sangre. No hay personas paseando. Tomás coge el Walki talky que hay sobre una mesita y lo enciende. Se escucha un chasquido y nada más, así que lo vuelve a dejar donde estaba. Se levanta y va hasta la cocina. De la nevera saca un cartón de leche y se sirve un vaso. Lo que sale del envase es algún tipo de cuajada y rápidamente la tira al fregadero. Empieza a abrir armarios pero no saca nada de ellos. De repente se escucha un chasquido en el Walki y vuelve corriendo al salón. Lo sostiene cerca de su cara y aprieta el botón.

- ¿Marcos, estás ahí? -pregunta con voz temblorosa. No obtiene respuesta. Vuelve a insistir.-¿Marcos?

- Sí, aquí estoy.

Tomás deja escapar un suspiro al escuchar lo.

- Ha sido uno noche de mierda -comenta Marcos con la voz nerviosa.

- ¿Que ha pasado? - Vuelve a apretar el botón.

- Una de esas cosas ha estado golpeando la puerta. No paraba, te lo juro.

- Sí, mis padr... bueno... esas ... también han estado intentando salir del dormitorio. - Mientras dice esto, la mirada de Tomás se fija en un punto infinito de la pared.

- Deben estar hambrientos.

- ¿Sigue ahí fuera?

- No, creo que no... pero tengo un problema... no me queda comida en casa... voy a tener que salir.

- ¡Pero que dices! No puedes salir con esas cosas fuera -le contradice Tomás.

- ¿Que otra cosa puedo hacer?

El silencio se prolonga durante unos segundos. Un golpe en la habitación tapiada hace que Tomás se sobresalte. Se pone en pie y comienza a caminar por el salón, de un lado para otro.

- Voy a salir, a ver si en el piso de al lado tiene algo de comida -dice Marcos.

- ¿Has cogido algo para defenderte?

- Si, llevo un martillo. - Se escucha una respiración fuerte, como la de un buceador antes de sumergirse, y luego el chasquido de una puerta al abrirse.- Parece que el pasillo está despejado... voy a ver... la puerta de enfrente está abierta.

Mientras escucha lo que sucede al otro lado del Walki Talky, Tomás no deja de caminar por la sala.

- Tío, esto es un desastre, está todo lleno de sangre, pero parece que no hay nadie. Voy a ver la cocina.- Se escucha el abrir y cerrar cajones, puertas. El golpe de una lata al caer al suelo.- Mierda, creo que he oído un gruñido.

- !Marcos... corre, sal de ahí!

- Joder, joder, joder... creo que hay dos en la habitación de al lado -susurra.

A través del aparato de escucha un golpe. Los gritos Marcos se van alejando. Se le unen dos gruñidos guturales, salvajes, hambrientos. Un golpe sordo contra el suelo. El agónico chillido de Marcos, ahogado por un matiz líquido, burbujeante. Y por último el sonido del banquete. Tomás apaga el aparato. Con el rostro desencajado dice:

- Corre marcos... no me dejes sólo.

viernes, 20 de febrero de 2009

Taller Narrativa 6.2

Sobre el punto de vista (2)
Una pelea de pareja. Motivo: una infidelidad.


Punto de vista 2. La ofensora.

Para Helena, el momento de confesar la verdad estaba siendo duro. Más de lo que había esperado. No por miedo a lastimar a Pedro, pues ese es exactamente el motivo por el que le fue infiel; más bien era el sentimiento de culpa o quizás su cobardía. Probablemente fueran ambos sentimientos, revueltos como dos amantes. Sí, toda una ironía. Ese día se había preparado a conciencia. Unas horas antes se había reunido con unas amigas en un Starbucks para que le dieran ánimos y, quizás, algún consejo basado en la experiencia. Cuando ha llegado a casa, se se ha dado una ducha, se ha puesto la ropa que más le gusta a Pedro y se ha maquillado. Ella se dice a sí misma que lo hace para desviar su atención, pero en realidad está poniendo la guinda en el pastel. La tarta de su venganza. Y es que todo empezó cuando comenzó a sentirse desplazada, o más bien abandonada, por su marido. Estaba dedicando en cuerpo y alma a su nuevo negocio como promotor de cultura. Y ella, por primera vez en diez años de matrimonio, ya no era el centro de su vida.

Ahora están los dos, uno frente a otro, y las palabras les han abandonado. Helena ha soltado la noticia de su infidelidad como una bomba; ha caído sobre él desde diez mil metros. Por la cara de Pedro, ella sabe que no ha aplastado su ánimo, lo ha vaporizado. Ahora parece un hombre vacío. Sus ojos lucen huecos. Ella intenta imaginarse que estará pasando por su cabeza. Es el minuto más largo de su vida. El silencio más punzante. Con cada respiración, Helena se siente más culpable. Se aparta un mechón de su pelo rubio que le tapa un ojo y su marido, su futuro ex marido, abre despacio la boca. PUTA. La sangre de ella se congela. No se atreve a inhalar una sola brizna de aire más. Teme que su burbuja de culpa explote y sus lágrimas le desborden. ¿QUIÉN?. Helena intenta explicar lo sucedido, sin dar demasiados detalles. No tiene intención de rebelar la identidad de su amante, es consciente de que la responsabilidad es únicamente suya. Debe aceptarla. ¿PORQUÉ? Con cada argumento que formula, Helena se da más cuenta de que ha sido mezquina. Pedro la ha colmado siempre de atenciones; la ha mimado como nunca nadie lo había hecho; nunca le faltó nada, incluso subvencionó varios de sus caprichos. JODER. Bien, mientras él vomite su ira todo irá bien. Lo que ella más teme es el silencio. Puede tolerar que la regañe, incluso que la insulte. TE QUIERO. Zás. Para eso no está preparada, le cae como un croché en los riñones. El vaso está lleno a punto de rebosar. Pero es cuando ve una lagrima resbalar por la mejilla de Pedro cuando cae de rodillas en la lona. Ella también le quiere, pero sabe la verdad. Ambos la conoces. Y es que algo se ha roto. PARA SIEMPRE.

Taller Narrativa 6.1

Sobre el punto de vista (2)
Una pelea de pareja. Motivo: una infidelidad.

Punto de vista 1. El ofendido.

No puede estar pasando esto. Precisamente hoy está más GUAPA que nunca. ¿Por qué se habrá puesto la falda desigual?

- Dime que ha sido un caso aislado.

[...]

- No has contestado a mi pregunta.

[...]

- Claro que es importante. Quiero saber si ha sido una falta o un delito. Quiero saber si te has tirado a uno a muchos... ¡Joder!... entiéndelo de un vez.

No me creo que esté pasando. Maldita bruja. Tantas palabras, tan vacías. ¿Que le contaré a mis amigos? y ¿a mi madre? y ¿mis sobrinos? No puede terminar. No así.

- A que venía tanto pedirme que dijera "te quiero". ¿Eh? ... ¿A que tanto te quiero? Cinco años de mentiras.

[...]

- Sabes bien que sí.

[...]

- ¿Y a donde vas a ir? ... El perro se queda conmigo. Eres tú la que se va. Y los Dvds también me los quedo. Faltaría más.

[...]

- Que te den...

[...]

- Como quieres que no llore. Me has jodido bien. Yo confié en ti. Me entregué.

[...]

- Dí lo que quieras. Nadie ha llegado tan a dentro como tú. Y vas y lo jodes todo. Eres un hacha. No sabes como te agradezco que me ayudes a verlo claro otra vez. La gente apesta. Tú apestas.

No, no, no, nononono, ¡NO!... Ahora no, por favor. Precisamente ahora con el proyecto de Haussmann a medias. El cumpleaños de mi madre. Que disgusto, con lo que se la quiere. Como se lo explico. Suerte que el verano pasado no se quedó embarazado. Oh... ojalá la hubiera preñado. Es una PUTA. Se ha follado a otro y seguro que muchas veces... a muchos... GUARRA...mierda.

- Te quiero.

[...]

- Cariño, no me dejes... Por favor.

martes, 17 de febrero de 2009

Taller Narrativa 5

Sobre el punto de vista. 

Narrador Omnisciente.

La puerta de la sala grande se abre con violencia. Del interior asoma la cabeza de Juan Fernández, que con gesto contrariado, le grita a la chica de recepción instándole a que le traiga un café. "Que mierda de servicio es este" dice mientras su hermano lo coge por el brazo y lo introduce en la sala. Antes de cerrar la puerta, Tomás esboza una sonrisa a la recepcionista y le guiña un ojo. Un escalofrío recorre su cuerpo, es el gesto más lascivo y asqueroso que nunca nadie le ha dirigido. Junto al mostrador de recepción está Lucas. Ha estado viendo la escena y tarda un poco en reaccionar. Cuando lo hace, gira la cabeza hacia la chica y le dice:

- Veo que ya han llegado mis hermanos.-Apenas levanta la vista del suelo, está visiblemente avergonzado.

- ¿Esos son sus hermanos? - dice la recepcionista. Lo hace con tono despectivo y sin apartar la mirada de la puerta. Enseguida se da cuenta de su error y levanta los ojos hacia Lucas.- Lo siento. Llevan un rato esperándole.

Cuando Lucas entra en la sala de reuniones, sus hermanos se lanzan sobre él como bestias. "¿Dónde narices estabas?""¿Es que no puedes pensar en los demás por una vez?" pero ya está acostumbrado a que sus hermanos lo traten así, llevan haciéndolo desde que nació. No tiene ganas de explicar cual es el motivo de su retraso, ni porqué hoy está más contento de lo habitual. No cree que sus hermanos merezcan tales honores.

Mientras esperan a que llegue el notario, Juan y Tomás especulan con que parte de la herencia se quedará cada uno.Ansiosos se reparten un pastel imaginario con fiereza. Ninguno de los dos quiere renunciar ni a una migaja. 

Ríen pensando en lo loca que estaba la Tía Rita, siempre rodeada de esos pequeños perros, con collares de diamantes. 

- Estaba loca de remate -dice Juan.

- Loca y forrada de billetes.  Una vez, cuando era niño, le dí una patada a un o de sus chuchos. Cuando escuchó el grito se puso histérica. Pero la convencí que había sido una pele entre perros. -se confiesa Tomás.

Lucas está absorto en sus pensamientos, no escucha a sus hermanos. Entonces, Juan hace una bola con el papel en blanco que hay sobre la mesa y se lo lanza con fuerza. El proyectil impacta en la nariz de Lucas, haciéndole dar un respingo. En ese momento entra el notario por la puerta. Pero Lucas no aparta la mirada de su hermano. 

Una vez hechas las presentaciones, proceden a la entrega de DNIs y después a la lectura del testamento. Es un acto aburrido, lleno de términos jurídicos y mucha paja. Los tres hermanos empiezan a sentir el sueño de la ley. Y cuando el notario llega a la parte jugosa del documento, están tan abstraídos que no se dan cuanta. 

- Ha quedado claro -dice el notario.

- Discúlpeme -dice Juan, es que me pierde tanta palabrería- ¿que es lo que me ha dejado?

- Por favor, señores - dice el notario, visiblemente enfadado- no les ha dejado nada. Su hermano Lucas es el albacea del dinero y las propiedades, que son para la asociación Amigos de los canes.

Juan y Tomás están atónitos, la sorpresa. La ira comienza a subir como la espuma de la cerveza, desde el fondo de su estomago. Lucas está tranquilo, sentado en su silla, con una sonrisa dibujada en su rostro. 

- ¿Y tu de que te ríes?, si eres más pobre que una rata. -le esputa Tomás a Lucas.

Pero Lucas no dice nada. Se limita a firmar el documento de aceptación de la herencia. Al fin y al cabo, el testamento le parece un documento muy justo. 



Punto de vista del personaje.

Estaba frente al mostrador de recepción de la notaría cuando vi a mi hermano mayor sacando la cabeza por detrás de una puerta. Estaba gritándole a una pobre chica. Me disculpé avergonzado y me dirigí a la sala, con la seguridad de que ni mis hermanos podrían estropearme el día. Acababa de sucederme algo maravilloso y nadie me lo iba a arrebatar.

Cuando entré en la sala vi que era el último en llegar. Estaban Juan, Tomás y el abogado que lleva los asuntos de familia, un tal Pérez, creo. Tuve que aguantar las estupideces de mis hermanos que se reían de mi, aunque con los años he aprendido a ignorarlos. La sala era grande, y las paredes estaban cubiertas por librerías que llegaban hasta el techo, llenas de falsos libros y colecciones de revistas jurídicas. Había uno de esos cuadros llenos de chorretones de pintura, de algún tipo que quería imitar a Pollock, ¿porqué a todos los notarios les gustará el expresionismo abstracto? No sé. 

Juan y Tomás estaban hablando de la tía Rita. Decían que estaba loca, que en vez de hijos tuvo perros y otras tonterías. Entonces intenté recordar a la susodicha tía. Tuve que hacer un gran esfuerzo pues hacía muchos años que ni siquiera oía hablar de ella. Entonces vino a mi memoria una tarde de verano, en la casa de Llavaneras. Yo no tendría más de cinco años, pero me aterraba meterme en la piscina, tenía miedo a ahogarme. Ni mis padres ni mis profesores habían conseguido meterme en el agua. Entonces, la tía Rita se agacho, cogió a uno de sus pequeños perros, que la seguían allá donde fuera, y lo lanzó a la piscina. Recuerdo como voló por los aires y se sumergió en el agua. Pensaba que se ahogaría, pero, salió a flote y empezó a nadar con sus pequeñas patas. Mi tía se volvió a agachar, esta vez para mirarme a la cara, y me dijo que si yo no conseguía nadar, Perlita (así se llamaba el pequinés nadador), me sacaría del agua. No se porque me pareció más seguro un pequeño perrillo salvavidas que uno humano, pero apenas tenia cinco años.

Una bola de papel, lanzada por Juan impactó en mi nariz. Me trajo de vuelta a la notaría. Que majos son mis hermanos.  Por la puerta entraba el notario, así que tuve que dejar pasar el asunto del proyectil de papel. Tras identificarnos, el notario comenzó con la lectura.  No dejaba de preguntarme el por que de tanta palabrería técnica. Entonces, cayó la bomba. La tía Rita había dejado su dinero y sus bienes inmuebles a una asociación que recoge perros de la calle. Desde luego, la reacción de mis hermanos fue lo más divertido. Me regodeé viendo la rabia que les desbordaba por la boca. Lo más extraño de todo es que me dejo como albacea para que me asegurase de que se cumpliera su última voluntad. Así lo hice. 

miércoles, 4 de febrero de 2009

Taller Narrativa 04

Progresión geométrica.


Otro golpe más hace que Victor se esconda en bajo la cama. Esta vez no puede precisar si el ruido lo ha hecho el puño de su padre o la cabeza de su madre tras ser golpeada por su marido. Hace un rato, difícil de precisar, que sus padres habían comenzado a gritarse. El motivo es tan intrascendente que ni si quiera un niño de diez puede encontrar lógico. Envalentonado por la ansiedad que la situación le produce, Victor se dirige a la habitación contigua, donde está el conflicto. No es la primera vez que esto sucede, aunque siempre es tan doloroso como la primera. Con la mano temblorosa abre la puerta. Lo que ve lo deja estupefacto, congelado. Su madre está tumbada en el suelo, sollozando, mientras su padre, de rodillas sobre ella, le golpea con una mano mientras con la otra le estira del pelo. El niño no dice nada, no se mueve.  Cuando su padre percibe su presencia le lanza una botella de vino vacía que le impacta en la cabeza. Y todo funde a negro. 

Los recuerdos de su infancia se amontonan en su cabeza como una una gran montaña de mierda. No puede olvidarlos aunque lo intenta. Sabe que están ahí y que lo hacen diferente, un lastre que le obliga a caminar un escalón por debajo de los demás. Con doce años, va por primera vez a una escuela mixta. Hasta el momento la única mujer que ha tratado es su madre. No son pocas las notas que Victor trae a casa anunciando un castigo por molestar a sus compañeras. A medida que crece y que sus hormonas le exigen que se acercase al sexo opuesto, los incidentes se van haciendo más graves. Les escupe, empuja e incluso les palmea el culo o los pechos. No es hasta los catorce años cuando tiene su primera novia. Hace cuatro años que su padre se había ido de casa, el tiempo justo para arrinconarlo en la mente, aunque no el suficiente para olvidarlo. Su primera relación dura apenas un mes, en el que van un par de veces al cine y una vez a patinar. Él no se comporta como un novio pre adolescente, sale co ella pero apenas habla y la escucha con poca atención. 

Un día, se presenta la madre de la niña en su casa. Esta muy alterada, dice que su hija ha llegado a casa con un ojo morado. No ha querido decirle quien la golpeó, pero esta segura de que ha sido Victor. El chico entra, con la cabeza gacha, en el salón donde las dos mujeres mantienen este improvisado juicio del que sabe que saldrá culpable. No se molesta en defender su inocencia; tampoco dice que sabe quien lo ha hecho, que sus vidas no son tan diferente; simplemente se resigna a aceptar un mundo injusto. Su mundo.

Cuando cumple los dieciséis, ingresa en una banda de Skinheads, para lo que tiene que robar en un pequeño comercio de barrio y golpear al primer transeunte con el que se cruza. Se rapa la cabeza, y con el  substituye las camisetas de su armario por camisas de cuadros con tirantes y sus deportivas por botas Dr. Martens. Gracias a su obediencia y a la ira que lleva consigo, escala rápidamente los peldaños de la jerarquía hasta situarse como mano derecha del líder. La única chica del grupo es precisamente la novia del jefe. Sin darse cuenta se enamora de ella y en un abrir y cerrar de ojos ejecuta una maniobra para quedarse con la dirección de la banda. Todo sale como ha planeado, aparta su rival y se queda con la chica. Por primera vez se siente a gusto con una mujer. Es más joven que él y entiende a la perfección las normas de la sumisión. Victor la trata con cariño y con dureza a partes iguales, y más de una vez piensa que ella prefiere la segunda antes que la primera. Todo marcha sobre ruedas, el cree haber encontrado su lugar en el mundo. Hasta que un día, un conductor ebrio atropella a la chica cuando la pareja se dirige a un encuentro de fútbol. La chica muere en el acto, el coche le aplasta la cabeza contra una parada de autobús. En un absceso de ira, con las manos manchadas con la sangre de su novia, apalea al conductor hasta matarlo. Es tal la furia de sus ojos que nadie se atreve a intentar detenerlo. Es juzgado y encarcelado. En prisión su mundo se viene a bajo. La jerarquía ha cambiado y su autoridad ha desaparecido. Así, es vejado y humillado.

Una mañana lo llaman a la sala de encuentros. Se sienta delante del cristal y ve aparecer a su madre. Lleva la misma ropa de siempre, un vestido floreado y una chaqueta de punto blanca. Se la ve más vieja y sombría. Victor teme que sea por su culpa. No quiere añadir ni una pena más a la vida de su madre, ya ha tenido suficientes. Están un rato mirándose a los ojos.  Ninguno de los dos hace el gesto de coger el teléfonillo para comunicarse. Simplemente permanecen allí, sentados, compartiendo el momento. De repente, Victor rompe a llorar, y lo hace con toda la fuerza de los años; no ha llorado así con ninguna de las palizas que le dió su padre, ni cuando los presos hicieron con su culo lo que quisieron. Rompe el dique que llevaba años haciéndose más fuerte con cada lluvia. Y se deja arrastrar por la corriente. ¿Que no puede hacer una madre? 

Resúmen y escena.

Taller Narrativa 03

Enrique, medio vacío.

"Aún hay gente buena en este mudo." Así concluía el artículo del periódico. Con un suspiro, que se une solidariamente al ruido del papel, Enrique da por terminada la lectura del diario. Mantiene un rato los ojos cerrados, como si quisiera esperar lo suficiente hasta volver al mundo real. Y es que Enrique es una de esas personas. Ya sabéis a cuales me refiero, ¿verdad? Siempre hay una en la barra del bar, o en la sala de espera del CAP; incluso en clase, allí sentado, con sus pensamientos  cacofónicos y agoreros. Si luce el sol, él se queda en casa, pues nunca se puede saber; igualmente, si llueve se recluye, pues hay constipados esperando a la vuelta de todas las esquinas. Se levanta de la mesa con el periódico en la mano, dispuesto a depositarlo en la primera papelera que encuentre; paga el café con el mal humor que se ha agarrado y piensa que este es otro día de los que empieza con palabras ingenuas. 

    Ya en la calle, se introduce en la marea de personas que fluye por la calle canuda. Como un desquiciado salmón lucha contra la corriente. ¿Porque todos van en dirección contraria a mi? piensa. Tampoco le gusta la gente; con sus mentiras y sus engaños; con el ellos siempre por delante. Tan llenos de falsa esperanza y tan autocomplacientes. De nuevo un suspiro, aunque este se pierde bajo la bocina de un taxista que casi lo atropella. Y es que... la ciudad es una jungla, sálvese quien pueda.

Cuando llega a casa, en la televisión hablan de un nuevo orden mundial. El nuevo presidente ya ha empezado a cambiar el mundo. Todo está cambiando. Pero Enrique sabe que un solo hombre no es suficiente. También es consciente de que su forma de discrepar atenta contra la gente que no piensa como él. Porqué la fe es muy difícil de mantener


    Enrique tiene ese rasgo de personalidad, el que tantos problemas trae. Incluso su pareja, la mujer con la que comparte casa y lecho, no entiende por que si es feliz, escribe de esa manera en su blog. Y es que él es así, puede aprender pero no puede cambiar. 


Sobre el pesimismo.

jueves, 29 de enero de 2009

Taller Narrativa 02

Una muralla de piedra sólida franquea el perímetro del castillo. Tiene la altura de tres hombres y una anchura de dos brazos. Los años de batallas han ensuciado y mellado la roca. Integradas en el muro, cuatro atalayas se levantan como gigantescos vigías; una al norte, otra al sur y dos más situadas al este y al oeste. Con el doble de la altura del muro, vigilan el fortín de bárbaros intrusos. La única entrada es un puente levadizo, de madera noble, que solamente se arría por expresa orden del rey, salvando así un foso hediondo.

Un caballero oscuro ronda por el extrarradio dispuesto a desafiar a cualquier merodeador. Viste una armadura negra y monta sobre un corcel igualmente negro. Despiadado. Incontrolable e incontinente.

En el interior, en el centro de una amplia plaza, está el edificio principal, austero y falto de gracia. Tiene varias puerta y muchas ventanas, que permanecen cerradas la mayor parte del tiempo. De su bajo techo se proyectan hacia el cielo gris cuatro torres, a veces son seis, dedicadas a diferentes disciplinas. Son el sueño de cualquier diletante. Una está dedicada a la música, otra a las artes escénicas, hay una biblioteca y una torre para la astronomía. 

En la plaza, hay un pozo tan profundo como la oscuridad que contiene, allí se vuelca todo lo que debe permanecer en el olvido. Como también tienen que ser ignorados todos los indeseables presos en las mazmorras. Unas catacumbas húmedas y oscuras cuyas paredes lloran de dolor, sin que nada se pueda hacer al respecto. 

En algún lugar del patio, oculto de las miradas indiscretas, hay un túnel por el cual escapar en caso de asedio.

Y por supuesto, en el centro exacto del castillo,  hay un trono. Situado sobre un pedestal de mármol se alza el caballero que se hace llamar Jonás.


Autorretrato.
 

martes, 20 de enero de 2009

Taller Narrativa 01

Día 01. Una ficción neurótica.

Faltan dos horas para que suene el despertador pero Jonás ya está despierto. Esta noche el sueño ha sido una ligera brisa, sin la suficiente profundidad para producir sueños, pero con la irremediable perdida de control sobre los propios pensamientos. Las sabanas pesan más que nunca. Una ducha, un café, el abrigo y un tren para llegar a su destino.

En la puerta del aula, Jonás se detiene. No quiere entrar, o ¿no puede hacerlo?. Muchas dudas le están apareciendo sobre si mismo. Lentamente transcurren los minutos, la hora del comienzo está próxima. Camina por los pasillos mientras su inquietud crece. Los arpegios de Philip Glass reverberan en su cabeza, lo último que ha escuchado antes de apagar su ipod. 

Sentados en la mesa, dispuestos en forma de U, los Extraños esperan a la profesora. Ocho personas de distinta índole: edad, sexo, ocupación y quien sabe que más. Ocho hombres sin piedad.

Las presentaciones han empezado, uno a uno los integrantes del grupo se van exponiendo, y solamente queda un turno antes de que Jonás deba desnudarse. Desde que ha comenzado este simulacro de rueda de reconocimiento, no ha podido dejar de pensar en como va a mostrarse a este nuevo pequeño mundo. 

El Extraño número tres ha acabado su exposición. La gente dice más de si mismo de lo que sus palabras quieren expresar, piensa Jonás. Ahora le toca el turno a él. Pero no tiene pensado aún su personaje. Debe componerlo sobre la marcha. Comienza a hablar. El contenido de su discurso es neutro y vacío. Un bostezo, alguien revolviéndose en la silla, un boli que cae al suelo y falta de interés. Piezas equivocadas en un puzzle de personalidad. 

Por La mente de Jonás aparecen atractivos rasgos que incluir en su construcción. Puede fingir la ironía de Wilde, pero teme acabar en el rol de bufón. El misterio del anacoreta le atrae con más fuerza pero el aislamiento le produce demasiada inquietud. Héroe, el que mueve ejércitos. Jé Jé. Quizás sea más apropiado el niño eterno que rehusa responsabilidades frente al grupo.  Lo que realmente querría Jonás es acudir a clase con un cuervo posado en su brazo. 

Siente que debe hablar de los largos tentáculos del horror cósmico que lo constriñen por las noches; de los ojos cibernéticos con los que mira a Edipo; de como las luces boreales se reflejan en la laguna estigia marciana; de como un día una ballena se lo tragó en viñetas secuenciadas; de como lo que está arriba también está abajo; de lo hermosa que es la música de las esferas; de anfiteatros y de zoótropos; conejos con chaleco y cucarachas con sombrero...


Aún no ha decidido quien quiere ser, pero el turno de palabra ya es del extraño número siete. Todavía le quedan seis meses para poder encontrar al escritor que debe encarnar.
Así que no temas Jonás por querer ponerte "Hypokritas" máscaras en este nuevo juego para ti. Al fin y al cabo, todo en la vida son humo y espejos.

viernes, 20 de abril de 2007

El Crimen de Onán

La historia de Onán es, de los relatos bíblicos, el que más me han impactado. Otros me han llegado más, otros me infunden más respeto o me divierten en mayor grado, pero la historia de Onán es sin lugar a dudas la única que me dejó con la boca abierta cuando la leí.

La cosa va así. Onán era el segundo hijo de Judá. Cuando su hermano mayor murió sin descendencia, Onán se vio obligado a casarse con su cuñada porque así lo ordenaba la ley judía. Ahora viene lo realmente interesante. Cuando copulaba con su nueva esposa, Onán eyaculaba en el suelo desperdiciando así su semen. ¿El porqué? Pues bien, el hombre creía que si dejaba embarazada a su mujer, el hijo enjendrado no sería suyo sino que sería un vástago tardío de su hermano y al ser el primogénito se llevaría todos los honores. Según la Biblia a Dios no le gusto la codicia de Onán y lo fulminó cayendo éste inerte al suelo. Otra de las interpretaciones posibles es que fue castigado por malgastar su simiente.

Padre Eusebio* : "Niño que te quedarás ciego"

La historia de Onán derivó con el tiempo en onanismo o masturbación, dándole un carácter pecaminoso al hecho de darse placer a uno mismo. Por interés te quiero Andrés. Ya sabéis que los curas no pueden tocarse a ellos mismos... Que terrible es la culpabilidad surgida de algo que no puedes evitar. Cuando tus instintos más primarios rugen con la energía de un adolescente mientras la imagen del castigo al pecador clava clavos con sadismo.

Woody Allen : "La masturbación es hacer el amor con la persona que mas quiero"

La cita de Woody Allen en una sus mejores películas (Annie Hall - 1977) es para mí la forma más divertida y ligera de reivindicar el poder de uno sobre su propio cuerpo y sobretodo es un forma sutil de acercarse al narcisismo. ¿Porque está mal visto quererse a un mismo? Es algo sobre lo que aún no tengo explicación.

Onanismo intelectual y narcisismo intelectual. Una misma cosa.

El otro día leí esto en un Blog :

[ Esto viene porque el otro día hablando con una bibliotecaria me expresaba su opinión de que "eso de los blogs es puro narcisismo intelectual" y que he de dedicar mi tiempo a cosas más útiles.]

Si bien es una afirmación muy controvertida, yo no puedo discrepar. Nunca las cosas son tan sencillas de explicar, pero eso no quita que tenga una parte de cierto. La escritura siempre ha sido considerada exhibicionismo. Todo aquel que escribe lo hace para ser leído. Poder transmitir pensamientos propios (ya sea en un texto periodístico, o de pura ficción o incluso en un diario personal) y obtener algún tipo de reconocimiento con ello es algo muy poderoso. Son laureles directos al Ego.

El Blog no puede escaparse de ello, ya que por primera vez publicar está al alcance de todos. La proliferación masiva de bitácoras demuestra que hay algo más que motiva a los escritores, más allá del dinero (aunque a todos nos gusta tanto como lo necesitamos).

Hay otras motivaciones intrínsecas a la escritura, a mí las que más me interesan, a demás de la ya mencionada, son la sublimación de pulsiones inconscientes para aliviar tensiones emocionales (léase Jonás y la ballena) y sobretodo, la que me resulta más difícil de aplicar, la constancia para depurar el estilo así como ejercitar la narrativa y la creatividad (léase este mismo blog).

Para concluir quiero demostrar mi gran alegría por la energía con la que está emergiendo el fenómeno Blog y mi decisión de subirme al tren. La próxima parada la desconozco pero ya habrá tiempo para preocuparse por eso.




















* El padre Eusebio es la encarnación de todos aquellos curas y profesores retrógrados que se ocuparon de nuestra educación. Desde aquí les mando una efusiva palmada en la espalda.