
miércoles, 26 de agosto de 2009
Segunda incursión breve en el Cómic

miércoles, 17 de junio de 2009
Taller Narrativa 15 - Atmosfera
La rueda sobre los enamorados. Seguidos por el Ermitaño, el Emperador y el Mago. La esfinge de la Rueda de la fortuna le pregunta al Edipo de los Enamorados por las tres edades del hombre. Ermitaño, Emperador, Mago.
Pienso en que si superas el Edipo te conviertes en emperador. Si te dejas llevar y lo abrazas, te conviertes en mago o taumaturgo. Si luchas eternamente contra el Edipo te conviertes en Ermitaño. ¿Cuál es la versión moderna del Edipo? ¿Fue Edipo la primera víctima de una familia desestructurada? ¿Quedará substituida la realeza por la fama?
Sobreponerse a la frustración que una madre proyecta sobre su hijo, que al final acaba por superar a su padre pusilánime. Una madre que lee el diario de su niño, para tener presentes sus puntos flacos. Un padre que no quiere que le llamen papá.
Tengo que reconocer que la tirada del Tarot es sugerente, los arcanos parecen hablarme directamente a mí, saltándose a la fraudulenta médium que tengo sentada en frente. Absorto en mis pensamientos apenas presto atención a sus embustes. Cuando he llegado no he mostrado interés a la sala donde hace las predicciones. Parece que está acabando sus febriles predicciones. Yo asiento con la cabeza si saber. Meto mi mano en el bolsillo con dificultad, mientras miro entre las sombreas la decena de figuras de santos y diversos amuletos que decoran la estancia. Me llama la atención la triste mirada de un busto de Cristo, la corona de espinas le lacera la frente y por las mejillas resbalan lágrimas de gusto metálico. El horror de la Pasión; a mi mente acude la imagen de una madre que ve como torturan a su único hijo hasta la muerte. La escena se marcha dejando tras de sí un regusto amargo a depresión. A su lado, unas cortinas de terciopelo granate ocultan algo; quizás el cuerpo de Cristo, el que le falta al busto. Saco la mano del bolsillo, unas monedas salen despedidas y no tengo ganas de recogerlas. Pago a la vidente y me levanto. Necesito salir de allí, las medias luces empiezan a escocerme en los ojos y el aire parece no querer entrar en mis pulmones. Tal vez es la sala la que quiere que me marche. Me está echando. Los ojos de la visionaria me acosan nerviosos, como si pudiera ver algo más en mi rostro, algo más que la expresión de horror. A fuera, solo me espera el agua que baña de melancolía el otoño. Últimamente las húmedas calles se han convertido en mi hogar. Escenario de mi infructuosa búsqueda.
Salí del local, después de una clandestina conversación con arcanos olvidados, tal y como había entrado. Seguía sin saber de que podía escribir.
Taller Narrativa 14 - Ritmo rápido, ritmo lento.
Salen del taxi a trompicones, Jonás se entretiene pagando la carrera. Raquel espera en la acera aprovechando para encenderse un cigarrillo. Él la coge del brazo, impaciente la arrastra al interior del Hotel. El cigarrillo vuela hasta el asfalto. En la recepción, el responsable del turno de noche mira su reloj. Marcan las dos de la madrugada.
-¿Que desean a estas horas? -dice con desconfianza.
-Una habitación, claro está, -responde Jonás, con rostro serio. Y añade- Y pocas preguntas.
El recepcionista mira a Raquel con los ojos entrecerrados, intenta parecer suspicaz. Muy poco efectivo. Ella se mueve inquieta, da vueltas sobre sí misma, clava sus tacones en la moqueta.
Jonás tose para precipitar los acontecimientos. Y, como en una película de serie B, funciona.
Rellenan los papeles al vuelo, apenas se entiende la letra, le lanza la visa a través del mostrador y cogen la llave de un tirón.
El viaje en ascensor se hace eterno, suben hasta el tercer piso. Suena Richard Clayderman y su Claro de luna. Parece que el piano ralentice el tiempo. Raquel se acerca cada vez más a Jonás. Cuando el dorso de sus manos se toca, una descarga eléctrica les sube por la columna. Ella se muerde el labio inferior. Él se desabrocha el cuello de la camisa. La corbata se ha quedado en el taxi, pero no importa. Esta noche no importa nada.
Con la ansiedad le cuesta abrir la puerta. Malditas tarjetas perforadas, piensa.
Una vez en el interior, apenas tienen tiempo de encender la luz. Para cuando él se ha desabrochado el siguiente botón de la camisa, Raquel ha dejado caer el bolso, el cinturón de Gucci, y tiene los pantis por debajo de las rodillas. Se miran un instante para fundirse en un beso apasionado. Ella le quita la ropa a Jonás, y lo tumba en la cama. Se sube sobre él, con la minifalda aun más arriba. Se quita el top y el sujetador de una tacada, sin dejar de mirarle a los ojos. Profundo y oscuros. Perfilados con lápiz de ojos negro, como una maharaní.
Ambos respiran irregularmente, abandonados a la pasión. Ella baja su mano izquierda hasta su entrepierna desnuda. Coge a Jonás por su orgullo y busca a ciegas la consumación. Durante la siguiente media hora ella cabalga sobre el placer más intenso. Los siguientes veinte minutos, es Jonás quien penetra a Raquel por detrás. En un increscendo cada vez más salvaje, Jonás siente que no puede contener su egoísmo. Empuja cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Más profundo. Más intenso. Gime. Grita. Explota. Espasmos y estertores. El orgasmo llega contundente. Le golpea en el mentón con la fuerza de un peso pesado.
-¿Estás bien? -pregunta Raquel. Pero realmente no le interesa la respuesta. Es tarde y está cansada.
Jonás asiente con un sonido gutural, salido desde lo más profundo de su garganta, desde lo más antiguo de la evolución. Se acuesta en la cama, junto a Raquel, y la abraza. Está intranquilo. Algo se ha roto, aún no puede tomar consciencia de ello, pero la nube de hormonas se disipa rápidamente. Pronto se escucha la respiración pesada de la tierna amante. Jonás no consigue conciliar el sueño, su mente da vueltas sobre sí misma, intenta encontrar un agujero por el que pueda escapar la culpabilidad. Parece que no hay fisuras en la mente pervertida. Se levanta y abre la ventana, intenta que el aire fresco de la noche mitigue la ansiedad. Lejos de suceder, parece que el sentimiento crece como la marea. La luz de la luna acaricia las caderas de Raquel, limpias, suaves, tersas. Jonás se sienta al borde de la cama, gira su cabeza para observarla. Es hermosa. Todas sus curvas, su piel inmaculada, incluso el tímido bello que nace en la base de su espalda. Jonás es consciente de que está enfermo. Pero la mira y siente deseos de hacerle el amor otra vez. Se echa las manos a la cabeza, y apoyando los codos en sus rodillas, se echa a llorar.
- Solo tiene quince años. -Entre sollozos se confiesa.
Lágrimas culpables mojan la moqueta de este hotel de cinco estrellas. Situado en el centro de la ciudad, parece estar ubicado en el centro del infierno. Las cortinas se agitan en por la habitación por la brisa nocturna, parecen escandalizados testigos. Las venas del cuello de Jonás están hinchadas y el corazón bombea al límite de la salud. Su propio cuerpo parece rechazar sus actos. Vuelve a mirar sobre su hombro, Raquel sigue durmiendo. Mejillas húmedas y culpables. Suspira angustiado por qué sabe que volverá a poseerla. Va a practicar el sexo mientras duerme. Pero que puede hacer, no tiene voluntad sobre sus actos. Cree que su alma está podrida.
lunes, 1 de junio de 2009
Taller Narrativa 13 - FLASH forward back y elipsis.
-¿Cuales creéis que son las tres peores películas de la historia? -preguntó Quique. Es un juego que hacemos habitualmente cuando nos encontramos en el bar. Cualquier bar.
-Plan 9 - dije muy seguro de mí mismo.
-Vamos esa no vale, es tan mala que es buena. Ha dado toda la vuelta a la rosca de la mediocridad.
Éste era Kike, que no Quique el de: cuales son las peores pelis; sino Kike, el de: a esa le ponía una bolsa en la cabeza y me la tiraba. Sí, no era un tipo muy sutil, pero entendía de cine. Y a veces, que alguien tenga tema de conversación interesante es suficiente.
-Vale, ya lo tengo. - Intervine para que la conversación no se fuera por los tortuosos caminos de la depravación sexual. Como veréis más adelante, no lo conseguí. - Druidas y Beowulf, la del 99.
- Vaya, las dos de Christopher Lambert. Aceptamos barco como animal acuático.
-La princesa prometida.- añadió Kike.- Bodrio infumable.
-Que dices tío. A mí me mola mogollón. -No tendría que haberlo dicho, pero lo hice.
Yo me había pegado el lote por primera vez con una chica mientras veíamos esa peli. No fue un momento muy romántico pero ¿qué puedes esperar con trece años? Como ya he dicho, nunca había besado a una chica- ni a un hombre tampoco, eso llegaría más tarde- así que estaba muy nervioso; a la postre, ella era tres años mayor que yo, además tenía una 115 de pecho, y a esa edad esas cosas importan mucho. Era en pleno mes de agosto, durante las vacaciones. Yo nunca tuve los dos meses y medio de descanso escolar, por qué siempre suspendía unas cuantas y debía estudiar para los exámenes de septiembre. Pero yo tenía trece y no pensaba en mates, ni sociales. Yo me reunía por las tardes con unos vecinos en su casa, y allí nos pasábamos la tarde y parte de la noche viendo películas en VHS.
Ellos eran tres hermanos, dos chicos y una chica. Ella era preciosa, un poco gordita pero muy sexy. Tenía los ojos más azules que he visto. Y la nariz espolvoreada con pequitas. Yo la adoraba, estuvimos tonteando como un mes; estábamos siempre juntos, nos rozábamos lo que podíamos, incluso nos metíamos mano en la piscina, todo jugando. Un día ella me dijo: Pídemelo. Inmediatamente supe lo que quería, pero me daba mucha vergüenza. Aún sabiendo la respuesta, tardé dos días en pedírselo. Al fin me acerqué a su oído, para que nadie más lo oyera y le dije: ¿Quieres enrollarte conmigo? Mi primer beso fue con lengua. Al principio lo encontré muy violento e intromisivo, pero enseguida le cogí el gustillo. Nos refugiábamos debajo de una manta para escondernos de sus hermanos. Entonces creíamos que eran como capas élficas y que no notarían nada. Ahora estoy convencido de que lo sabían todo. Nos besamos durante tanto rato que los labios se nos hincaron. Yo notaba el bello sobres sus labios rozándome hasta el escozor en mi cara aún imberbe. Me encantaba. Recuerdo el momento en el que le di el primer beso, por qué estuvimos acercadnos y alejándonos como media hora. Coincidió exactamente con el momento en que el enmascarado dice: Amor verdadero, y Billy Cristal no quiere reconocer la noble causa. Suena más cursi de lo que me pareció en aquel momento. A veces recordar es algo complicado.
-¿Te la tiraste? - Kike escupió sus sapos.
-Joder, tengo que dejar de pensar en voz alta. No me la tiré, solo me la machacó un par de veces.
- Haciendo mantequilla, ¿eh?- Sí, Kike es así. Y a veces, yo tampoco lo soporto.
-Bueno, ¿así que Christopher Lambert? -bendito Quique el salvavidas. Gracias tío.
-Greystoke. Puto hombre mono.
Yo por aquel entonces no lo sabía, pero unos meses más tarde, perdería mi virginidad viendo Greystoke, la leyenda de Tarzán. Sería curioso escuchar mezclados el ulular de Christopher Lambert y los gemidos de mi novia. Vendría bien para que sus padres, durmiendo en la habitación al fondo del pasillo, no supieran lo que hacíamos.
martes, 19 de mayo de 2009
Taller Narrativa 12 Pivote más recuerdo.
Un pivote conduce a un recuerdo.
Hoy estaba sentado en los ferrocarriles, como de costumbre, ya sabéis que siempre me ocurren cosas raras cuando viajo en tren, cuando se me ha acercado una anciana. Balbuceaba en lo que parecía un idioma propio, al menos yo no lo había escuchado nunca. Parecía seriamente preocupada y con cada silaba que pronunciaba, me llenaba la solapa de la chaqueta de pequeños perdigonazos salivares. Realmente desagradable. Al principio me he pensado que intentaba decirme algo, pero luego me he dado cuenta de que no estaba hablando conmigo, sino hablando sola. Sí, incluso tenía la vista perdida en algún lugar muy lejos del vagón. ¿Cómo no me habré dado cuenta que sus ojos no me veían? Ni siquiera se había acercado a mí, no tenía la menor idea de que yo, o cualquiera de los otros viajeros, estábamos a su alrededor. Realmente estaba ida, pobre mujer. Llevaba puestas una zapatillas de franela marrones, de hombre, varias tallas más grandes que sus pequeños pies. Obviamente eran de su marido. Quizás él murió y le dejó como única herencia esas andrajosas zapatillas de estar por casa. Los pantalones eran de pijama, uno de esos de los años ochenta y que nadie se atrevería a reconocer que ha tenido, y en la parte del torso una camiseta muy holgada con un enorme logotipo de Nike, estampado en plata, sobre el pecho. Nadie en el vagón demostraba percatarse del show, y aunque la perturbada anciana armaba un escándalo de órdago, torcían la cabeza hacía las negras ventanas por las que solo se vía túnel y más túnel; algunos subían el volumen de sus ipods, como si el volumen desmesurado los eximiera de culpa. Yo no podía desviar la mirada de las zapatillas de franela. Roídas. De marrón mugriento, con líneas verticales de un marrón mugriento más claro. Una suela de goma recauchutada, una y mil veces por el zapatero, de un color que quizás alguna vez fue rosa. Zapatillas de olor rancio y mohoso. Las mismas zapatillas que acostumbraba a utilizar mi abuelo. El mismo olor a vida estancada que se me impregnaba cuando íbamos a visitarlo a la residencia. Yo apenas contaba diez años, y poco más de un metro treinta de altura. Bajo para mi edad, me sentía paseando por una ciudad de ancianos rascacielos, cuya masa estructural no podía aguantarse a sí misma. Edificios que podían derrumbarse sobre mí. Así es como veía a los habitantes de ese lugar tan espeluznante. No podía soportar que mi abuelo, el de las zapatillas de franela, estuviera rodeado constantemente de tal deterioro. Cuando uno es pequeño, y a veces no es algo que se pase con la edad, no puede ver a sus seres queridos como personas normales, mortales, humanas. Yo no conocía por aquel entonces la entropía, no podía ponerle nombre pero la vía, la reconocía y a base de visitas dominicales, aprendí a temerla. Con el tiempo, fui notando como las zapatillas estaban más y más ajadas a cada visita. Ahora una suela un poco despegada; luego un pequeño agujero en la punta, producido por el roce prolongado durante años de la uña del dedo gordo.La visión de las zapatillas se fue haciendo cada vez más insoportable. Angustiado me refugiaba debajo de una mesa, en el fondo de una sala, la sala de los velatorios, así me aseguraba de que nadie entrara. Soledad por aprensión. Ahora me doy cuenta de cuantas cosas aprendí en aquel lugar. Me sentaba en la oscuridad y pensaba en todas aquellas personas que vivían allí, en todos esos edificios ruinosos que paseaban por los pasillos con rumbo errático. Me fascinaba pensar que esos rascacielos tuvieran en su interior un centenar, quizás un millar, de personas viviendo en su interior. Bueno, quizás ahora no, pero seguro que las habían acumulado con el paso de los años. Algunos estarían solos esperando el día de la demolición; otros estarían acompañados el glorioso día del Señor. Un domingo, mis padres me dijeron que podía ir a jugar con mi vecino. Yo no pregunté por qué no íbamos a la residencia, a ver al abuelo, aunque pasó por mi mente. No pregunté. En vez de eso, corrí a casa de mi vecino, un chaval muy extraño. No me caía bien, era demasiado delgado y siempre estaba hablando de que su padre, en realidad, no era su padre. A veces jugaba a inventarse quien era su padre, futbolistas, famosillos de la tele, toreros, lo que fuera. A mí me daba escalofríos. No sé bien por qué, pero ese día le pareció buena idea que revolviéramos entre la basura de mi casa, a ver si encontrábamos alguna cosa valiosa con la que jugar. Valiosa o peligrosa, tanto era. Yo no puse ninguna objeción. No sé por qué. Como era la basura de mi casa era mi prerrogativa empezar la excavación arqueológica. Levanté la tapa metálica del cubo, al que tantas veces había dado de comer después de cenar, y allí estaban. Las zapatillas de franela marrón con la suela un poco despegada y un agujero en la punta del pie izquierdo. No puedo decir que sintiera tristeza al verlas, un poco de angustia, pero no tristeza. Escombros de muchas vidas, pensé. Las retiré del cubo y me dirigí a mi habitación. Mi vecino, como habréis visto no he querido mencionar su nombre, y aunque lo recuerdo a la perfección no lo haré, me gritaba a mis espaldas. Creo que quería que volviera pero no estoy seguro. Al final se cansó y volvió a revolver entre la basura. Allí espero que esté ahora mismo.Respecto a las zapatillas, todavía las guardo en una caja de cartón. Mis padres nunca se enteraron de que yo guardo este insólito recuerdo de mi abuelo. Realmente nunca quise a mi abuelo, era demasiado grande, demasiado viejo para mí. Una vida entera se interponía entre nosotros. También es cierto que nunca se comportó conmigo como lo hacen los abuelos en las películas, nunca me leyó un cuento o veló por mí cuando estaba enfermo. Pero tampoco le guardaba ningún rencor; le tenía mucho cariño, por haber sido el padre de mi padre.
El tren está entrando en mi estación. La excéntrica mujer hace rato que se ha bajado del vagón.
Nota mental: cuando llegue a casa tiraré esas mohosas zapatillas.
Taller Narrativa 11 Diálogo despido.
Taller Narrativa 10 Crisis de los 30 mujer
martes, 28 de abril de 2009
Mini dosis de narcisismo 02

Mini dosis de Narcisismo 01
lunes, 30 de marzo de 2009
Taller Narrativa 9.2
Taller Narrativa 9.1
viernes, 13 de marzo de 2009
Taller Narrativa 8
Helena, a noche no pegué ojo. Pasé varias horas sentado a los pies de la cama. Estuve recordando; el último concierto al que fuimos juntos. Anthony and the Johnsons, ¿lo recuerdas? Yo no me quito de la cabeza esa lágrima que resbaló por tu mejilla. Vi cómo se deslizaba lentamente, parecía respetar el ritmo de la música. Luego en el aparcamiento, cuando te confesaste, entendí que no era lo que yo pensaba, sino tu último sentimiento por mí, que se agarraba a tu barbilla para no caer al abismo.
Soy muy consciente de que yo te empuje a ese acantilado, te fallé una y otra vez. Se que, a tu lado, necesitabas un carácter, y que mis excentricidades no te ayudaron en absoluto. No te escribo esta carta para decirte que he cambiado; que si vuelves a mi lado encontrarás todo aquello que necesitas. No lo haré. No quiero mentirte. Es cierto que tu marcha me ha enseñado algunas cosas, pero sigo siendo yo. Sí que quiero pedirte que vuelvas. Sabes que no vas a encontrar quien te quiera más que yo. Lo sabes.
El amor me hizo cometer muchos errores. Con mis celos estreché tu corsé hasta ahogarte. Te conduje hasta los brazos de otro hombre, y por ello me lamento cada noche. Cuando llega la oscuridad, el hueco que has dejado en mi se desborda hasta hincharme los ojos, hasta que siento mi cabeza a punto de estallar. No puedo culparte pues yo no soy un santo. Por favor, vuelve a mi lado. Llena el vacío que has dejado.
Son las cuatro y media de la mañana. Y hay una frase que no deja de repetirse en mi cabeza: ¡Te necesito! Helena por favor.
Taller Narrativa 7
La primera luz del día entra por la ventana e ilumina el rostro de Tomás. Poco a poco va abriendo los ojos. El niño, de apenas nueve años, se levanta del suelo, donde estaba tumbado sobre una manta. Enciende la televisión, que continúa emitiendo nieve. Tomás se dirige a la pared y con un cuchillo hace una muesca en la pared, ya son diecisiete. Se toca el pelo despeinado y se dirige al baño. Como cada vez que quiere mear, pasa por delante de la habitación de sus padres, cuya puerta está atrancada con el sofá y una cómoda. Cuando se acerca, del interior se escuchan los gruñidos y arañazos al otro lado de la puerta; pero el niño pasa rápido y con la cabeza gacha.
Una vez ha acabado con el water, abre el grifo para comprobar si hay agua pero no cae ni una gota. Vuelve al salón y se sienta delante de la ventana. En la calle solo hay desperdicios, papeles que vuelan como matojos del desierto, coches atravesados con los cristales rotos, y restos de sangre, mucha sangre. No hay personas paseando. Tomás coge el Walki talky que hay sobre una mesita y lo enciende. Se escucha un chasquido y nada más, así que lo vuelve a dejar donde estaba. Se levanta y va hasta la cocina. De la nevera saca un cartón de leche y se sirve un vaso. Lo que sale del envase es algún tipo de cuajada y rápidamente la tira al fregadero. Empieza a abrir armarios pero no saca nada de ellos. De repente se escucha un chasquido en el Walki y vuelve corriendo al salón. Lo sostiene cerca de su cara y aprieta el botón.
- ¿Marcos, estás ahí? -pregunta con voz temblorosa. No obtiene respuesta. Vuelve a insistir.-¿Marcos?
- Sí, aquí estoy.
Tomás deja escapar un suspiro al escuchar lo.
- Ha sido uno noche de mierda -comenta Marcos con la voz nerviosa.
- ¿Que ha pasado? - Vuelve a apretar el botón.
- Una de esas cosas ha estado golpeando la puerta. No paraba, te lo juro.
- Sí, mis padr... bueno... esas ... también han estado intentando salir del dormitorio. - Mientras dice esto, la mirada de Tomás se fija en un punto infinito de la pared.
- Deben estar hambrientos.
- ¿Sigue ahí fuera?
- No, creo que no... pero tengo un problema... no me queda comida en casa... voy a tener que salir.
- ¡Pero que dices! No puedes salir con esas cosas fuera -le contradice Tomás.
- ¿Que otra cosa puedo hacer?
El silencio se prolonga durante unos segundos. Un golpe en la habitación tapiada hace que Tomás se sobresalte. Se pone en pie y comienza a caminar por el salón, de un lado para otro.
- Voy a salir, a ver si en el piso de al lado tiene algo de comida -dice Marcos.
- ¿Has cogido algo para defenderte?
- Si, llevo un martillo. - Se escucha una respiración fuerte, como la de un buceador antes de sumergirse, y luego el chasquido de una puerta al abrirse.- Parece que el pasillo está despejado... voy a ver... la puerta de enfrente está abierta.
Mientras escucha lo que sucede al otro lado del Walki Talky, Tomás no deja de caminar por la sala.
- Tío, esto es un desastre, está todo lleno de sangre, pero parece que no hay nadie. Voy a ver la cocina.- Se escucha el abrir y cerrar cajones, puertas. El golpe de una lata al caer al suelo.- Mierda, creo que he oído un gruñido.
- !Marcos... corre, sal de ahí!
- Joder, joder, joder... creo que hay dos en la habitación de al lado -susurra.
A través del aparato de escucha un golpe. Los gritos Marcos se van alejando. Se le unen dos gruñidos guturales, salvajes, hambrientos. Un golpe sordo contra el suelo. El agónico chillido de Marcos, ahogado por un matiz líquido, burbujeante. Y por último el sonido del banquete. Tomás apaga el aparato. Con el rostro desencajado dice:
- Corre marcos... no me dejes sólo.
viernes, 20 de febrero de 2009
Taller Narrativa 6.2
Una pelea de pareja. Motivo: una infidelidad.
Punto de vista 2. La ofensora.
Para Helena, el momento de confesar la verdad estaba siendo duro. Más de lo que había esperado. No por miedo a lastimar a Pedro, pues ese es exactamente el motivo por el que le fue infiel; más bien era el sentimiento de culpa o quizás su cobardía. Probablemente fueran ambos sentimientos, revueltos como dos amantes. Sí, toda una ironía. Ese día se había preparado a conciencia. Unas horas antes se había reunido con unas amigas en un Starbucks para que le dieran ánimos y, quizás, algún consejo basado en la experiencia. Cuando ha llegado a casa, se se ha dado una ducha, se ha puesto la ropa que más le gusta a Pedro y se ha maquillado. Ella se dice a sí misma que lo hace para desviar su atención, pero en realidad está poniendo la guinda en el pastel. La tarta de su venganza. Y es que todo empezó cuando comenzó a sentirse desplazada, o más bien abandonada, por su marido. Estaba dedicando en cuerpo y alma a su nuevo negocio como promotor de cultura. Y ella, por primera vez en diez años de matrimonio, ya no era el centro de su vida.
Ahora están los dos, uno frente a otro, y las palabras les han abandonado. Helena ha soltado la noticia de su infidelidad como una bomba; ha caído sobre él desde diez mil metros. Por la cara de Pedro, ella sabe que no ha aplastado su ánimo, lo ha vaporizado. Ahora parece un hombre vacío. Sus ojos lucen huecos. Ella intenta imaginarse que estará pasando por su cabeza. Es el minuto más largo de su vida. El silencio más punzante. Con cada respiración, Helena se siente más culpable. Se aparta un mechón de su pelo rubio que le tapa un ojo y su marido, su futuro ex marido, abre despacio la boca. PUTA. La sangre de ella se congela. No se atreve a inhalar una sola brizna de aire más. Teme que su burbuja de culpa explote y sus lágrimas le desborden. ¿QUIÉN?. Helena intenta explicar lo sucedido, sin dar demasiados detalles. No tiene intención de rebelar la identidad de su amante, es consciente de que la responsabilidad es únicamente suya. Debe aceptarla. ¿PORQUÉ? Con cada argumento que formula, Helena se da más cuenta de que ha sido mezquina. Pedro la ha colmado siempre de atenciones; la ha mimado como nunca nadie lo había hecho; nunca le faltó nada, incluso subvencionó varios de sus caprichos. JODER. Bien, mientras él vomite su ira todo irá bien. Lo que ella más teme es el silencio. Puede tolerar que la regañe, incluso que la insulte. TE QUIERO. Zás. Para eso no está preparada, le cae como un croché en los riñones. El vaso está lleno a punto de rebosar. Pero es cuando ve una lagrima resbalar por la mejilla de Pedro cuando cae de rodillas en la lona. Ella también le quiere, pero sabe la verdad. Ambos la conoces. Y es que algo se ha roto. PARA SIEMPRE.
Taller Narrativa 6.1
Una pelea de pareja. Motivo: una infidelidad.
Punto de vista 1. El ofendido.
No puede estar pasando esto. Precisamente hoy está más GUAPA que nunca. ¿Por qué se habrá puesto la falda desigual?
- Dime que ha sido un caso aislado.
[...]
- No has contestado a mi pregunta.
[...]
- Claro que es importante. Quiero saber si ha sido una falta o un delito. Quiero saber si te has tirado a uno a muchos... ¡Joder!... entiéndelo de un vez.
No me creo que esté pasando. Maldita bruja. Tantas palabras, tan vacías. ¿Que le contaré a mis amigos? y ¿a mi madre? y ¿mis sobrinos? No puede terminar. No así.
- A que venía tanto pedirme que dijera "te quiero". ¿Eh? ... ¿A que tanto te quiero? Cinco años de mentiras.
[...]
- Sabes bien que sí.
[...]
- ¿Y a donde vas a ir? ... El perro se queda conmigo. Eres tú la que se va. Y los Dvds también me los quedo. Faltaría más.
[...]
- Que te den...
[...]
- Como quieres que no llore. Me has jodido bien. Yo confié en ti. Me entregué.
[...]
- Dí lo que quieras. Nadie ha llegado tan a dentro como tú. Y vas y lo jodes todo. Eres un hacha. No sabes como te agradezco que me ayudes a verlo claro otra vez. La gente apesta. Tú apestas.
No, no, no, nononono, ¡NO!... Ahora no, por favor. Precisamente ahora con el proyecto de Haussmann a medias. El cumpleaños de mi madre. Que disgusto, con lo que se la quiere. Como se lo explico. Suerte que el verano pasado no se quedó embarazado. Oh... ojalá la hubiera preñado. Es una PUTA. Se ha follado a otro y seguro que muchas veces... a muchos... GUARRA...mierda.
- Te quiero.
[...]
- Cariño, no me dejes... Por favor.
martes, 17 de febrero de 2009
Taller Narrativa 5
miércoles, 4 de febrero de 2009
Taller Narrativa 04
Taller Narrativa 03
jueves, 29 de enero de 2009
Taller Narrativa 02
martes, 20 de enero de 2009
Taller Narrativa 01


